Cuentan los más viejos, que si usted se sienta en el borde de Guanahacabibes al caer la tarde, puede oír el susurro del sol al entrar en el mar. Dicen que para eso hay que estar muy quieto, en completo silencio, y con eso basta, pues nada más perturba la quietud absoluta de aquel lugar. Apenas, de vez en vez, puede oírse el callado silbido de una langosta que asoma sus antenas por encima del coral, o el paso cansado de un carey que busca en la noche un espacio en la arena para desovar. Allá, donde Cuba comienza, la paz es total.

Cuentan los más viejos, que si usted se sienta en el borde de Guanahacabibes al caer la tarde, puede oír el susurro del sol al entrar en el mar. Dicen que para eso hay que estar muy quieto, en completo silencio, y con eso basta, pues nada más perturba la quietud absoluta de aquel lugar. Apenas, de vez en vez, puede oírse el callado silbido de una langosta que asoma sus antenas por encima del coral, o el paso cansado de un carey que busca en la noche un espacio en la arena para desovar. Allá, donde Cuba comienza, la paz es total.

La leyenda del sol que se ahoga en el mar, es tan antigua como los aborígenes cubanos, primeros habitantes que poblaron aquella zona. Los guanahatabeyes, cuyos vestigios aun rastrean los arqueólogos, fueron los que bautizaron esta región de la Isla. Ellos también fueron quienes se extendieron por todo el territorio que hoy conforma la más occidental de las provincias cubanas.

Ya de antaño conocido como "punta de Guaniguanico", "país de los guanahatabeyes", "Sotavento", "la Vueltabajo" o "Vuelta Abajo", la provincia de Pinar del Río remonta su historia a 1774, cuando en el poblado de Güane quedó establecida por los colonizadores españoles la Tenencia de Gobierno de la jurisdicción de Nueva Filipina. Sin embargo, no fue hasta 1878, después de errar su ciudad por diferentes ubicaciones, y cuando los colonizadores decidieron unificar tres jurisdicciones, que todo el territorio comenzó a llamarse Pinar del Río.

Próxima por el este a Ciudad de La Habana, la capital de la mayor de las Antillas, rodeada por las profundas aguas del Golfo de México al norte, el cálido Mar Caribe al sur y al oeste, que lo separa de la Península de Yucatán; Pinar -como le dicen simplemente sus pobladores- concentra en tan solo 10 931 km² un significativo conjunto de valores naturales, socio-culturales y económicos, que le aportan un perfil original.

Para eso reúne en su tierra una cadena montañosa que la atraviesa, la riqueza de su endémica flora y fauna, sus aguas minero-medicinales, las mayores cavernas del país, hermosos valles sembrados de mogotes, la fértil región agrícola de Vuelta Abajo que produce el mejor tabaco del mundo, impresionantes saltos de agua, o playas y arrecifes coralinos como hay pocos en el mundo.

Agréguesele a esto una amplia nómina de renombrados artistas, científicos, patriotas y hombres públicos naturales del lugar, así como los pintorescos poblados y ciudades que reúnen innumerables manifestaciones del patrimonio cultural de la nación, y tendrá en sus manos un ajiaco de luces y colores muy difícil de igualar. Por eso, es imposible hacer un inventario detallado de toda la maravilla que posee Pinar del Río, reunida en toda su extensión. Pero si usted va a allí, hay sitios que no puede dejar de visitar.

Vuelta Abajo Por la fertilidad de sus tierras, la llanura de Vuelta Abajo es el reino perfecto para el cultivo del tabaco, especialmente el que se obtiene de las vegas de San Juan y Martínez, San Luis, Pinar del Río y Guane.

Allí están representadas la mayoría de las más de 30 marcas de Habanos existentes en la actualidad, pues desde ellas se llevan las hojas a la fábrica o taller, donde se remata la obra maestra iniciada en el surco, proceso que puede ser apreciado por el visitante.

Todas las marcas Premium de Habanos están elaboradas con las mejores hojas de Vuelta Abajo, en Pinar del Río, como: Partagás, Hoyo de Monterrey, Montecristo, Punch, Bolívar, Rafael González, Por Larrañaga, Vegueros, Vegas Robaina… hasta las más reciente y célebre, Cohiba, que ahora celebra sus 40 años.

Viñales Nadie deja de asombrarse al ver los mogotes de Viñales. Como enormes paquidermos dormidos en la extensa llanura, las imponentes elevaciones le dan un toque singular, el cual es uno de sus mayores atractivos. No por gusto la UNESCO ha declarado el Valle de Viñales como "Paisaje Cultural de la Humanidad". Allí se encuentra el Valle de Dos Hermanas, con los mogotes de Pita y del Santero, donde se aprecia el imponente Mural de la Prehistoria.

Más adelante, subiendo lomas, puede llegar a Los Acuáticos, una comunidad que aún en plena modernidad sigue apegada a sus tradiciones, y cree que al agua pura de manantial es la única medicina verdadera. En el pintoresco pueblo de Viñales, que data de 1879, encontrará además la Casa del Veguero, donde El Niño, mítico personaje, está siempre dispuesto a dialogar sobre el difícil arte de cultivar la olorosa hoja.

Y si es de los que gustan del misterio de las profundidades, en esta zona puede encontrar los sistemas cavernarios más grandes de Cuba, como Palmarito, el mayor complejo de cavernas estudiado en el país, Sierra Guasasa y la Gran Caverna de Santo Tomás, donde además de explorar, podrá tener la experiencia única de zambullirse en las aguas de un río o lago subterráneo.

Soroa Llamada el Arcoiris de Cuba, por los reflejos de luz de su hermosa cascada, es el lugar ideal para entrar en comunión con la naturaleza. Las características del relieve, la hidrografía y la flora la han dotado de un microclima fresco y agradable. El área comprende más de 27 km² de montañas boscosas, valles y corrientes fluviales. Famosa por su balneario de aguas minero-medicinales que datan del siglo XIX., sobresale igualmente por el orquideario, en la ladera norte de la loma del Fuerte, en el "Rancho Pilila", que alberga 850 especies de orquídeas, 90 de las cuales son cubanas, y sobrepasa la cifra de 10 000 ejemplares, resultado de la iniciativa de un canario establecido en Cuba, el abogado Tomás Felipe Camacho, a quien visitaba allí asiduamente su amigo Ernest Hemingway, el escritor norteamericano Premio Nobel de Literatura.

Las Terrazas Para aire puro y naturaleza en vivo, hay que empezar el recorrido de Pinar por el extremo oriental de la Sierra del Rosario (Reserva Mundial de la Biosfera). Allí nació en 1971 la comunidad Las Terrazas, especie de paraíso urbanístico en estrecha relación con los ecosistemas que lo rodean.

Asiento de cafetaleros franceses en el siglo XIX, la música de sus pianos todavía puede adivinarse en las silenciosas ruinas del cafetal Buenavista, fomentado a principios del siglo XIX, o escucharse el canto de las aves y el rumor de los ríos en los Baños del Río Bayate y del San Juan.

Y si quiere descansar no hay nada más recomendable que la paz del hotel La Moka, singular construcción tejida entre los árboles; o alimentarse sanamente en el Ecorestaurante El Romero, la Fonda de Mercedes, el Café de María; o empaparse de cultura en el Bazar El Cusco, los estudios de los artistas Jorge Duporté, Lester Campa, Ariel, y el Museo dedicado a la figura del cantautor Fernando Borrego Linares, internacionalmente conocido como Polo Montañez, trágicamente desaparecido, y cuyos inicios en el arte tuvieron lugar en este sitio.

Guanahacabibes y María La Gorda El Parque Nacional de la península de Guanahacabibes, topónimo aborigen, que pudiera traducirse como "lugar donde viven las iguanas", fue zona de preferencia para piratas y corsarios, rico en leyendas sobre barcos hundidos frente a sus costas y fabulosos tesoros ocultos en su suelo.

Declarada por la UNESCO "Reserva de la Biosfera", reúne fondos marinos de gran colorido, una abundancia de flora y fauna con especies únicas, playas con un paisaje de elevados valores como María La Gorda, ubicada en la ensenada de Corrientes, a 14 kilómetros de La Bajada, donde radica el Centro Internacional de Buceo Profesional de Cuba, uno de los mejores del país y de la región.

El Archipiélago de los Colorados Se encuentra al norte de Pinar del Río, y constituye un espectacular conjunto de 160 cayos e islotes a lo largo de unos 205 km. Impresionante resulta la barrera coralina, ideal para la observación de diversas variedades de corales, con hermosas playas como Jutía, Inés de Soto, Levisa y Mégano de Casiguas, entre otras.

Los fondos coralinos dan cabida a múltiples especies de corales, peces, crustáceos y vistosos moluscos, donde se destaca la langosta "Reina del Caribe" y abundan los delfines. Ideal para el buceo es Cayo Levisa, al que se accede por mar, próximo a Palma Rubia, en la costa norte, a 45 km de Viñales, 72 km de Las Terrazas y a tres horas de de Ciudad de La Habana.

Pinar del Río reúne en su territorio todo esto. Desde la tranquilidad de la naturaleza, hasta una noche de fiesta. Y es que allá, apenas a unas pocas horas de viaje por carretera, puede separarse usted de la realidad y meterse de lleno en un verdadero paraíso natural.