Una puerta abierta al visitante
A pesar de las adversidades, la villa de San Cristóbal o simplemente La Habana, como la conoce el mundo, exhibe cinco siglos de constituida y de incesante salvaguarda de su espacio. Fue fundada tres veces, como niña intranquila que estuvo buscando durante cinco años el sitio más acertado para crecer como señora del Golfo, Antemural de las Indias y Llave de Las Américas. Así, se asentó definitivamente junto a puerto seguro y allí se hizo plaza fuerte, refugio de nobles, punto de reunión de toda la flota española en el Nuevo Mundo.
La Habana es la dueña del tiempo y la memoria, al decir de Miguel Barnet. Para Eusebio Leal definirla es tan difícil como conceptualizar la poesía. Es una ciudad bulliciosa y parlera, marítima, abierta y desprejuiciada que sabe, sin embargo, vivir su propia vida interior; es una ciudad con todos los estilos y ninguno, como afirmara el novelista Alejo Carpentier.
Lugar místico donde se fundieron los colores y las nacionalidades, esta ciudad mestiza es indígena, hispánica, africana, asiática, árabe. Una Habana que abrió sus brazos a cuanto errante quiso establecerse en ella; después cohabitó la opulencia con la miseria, la fraternidad con la explotación, el odio con la fe; y se forjó un pueblo que no aceptó la esclavitud, que se lanzó a la manigua contra la tiranía.
Hoy, esta ciudad de columnas, de calles estrechas en su parte antigua y amplias avenidas en los barrios modernos, exhibe la grandeza de sus 500 años de historia. La Habana sobrevivió al desastre de la especulación inmobiliaria y el protagonismo de las autopistas, fenómenos que en otros sitios borraron de un plumazo barrios tradicionales completos, extendiendo el color gris del anonimato.
De ese modo se presenta al visitante como una ciudad intacta. Deteriorada, pero sustancialmente íntegra, vital y activa, una ciudad que reta, día a día, al proceso de su salvaguarda consciente. Dicen los que llegan, conocedores de los valores culturales, que la belleza está en los detalles y La Habana no es la excepción, sino la regla.
Para el turista que visita la ciudad, el pasado siempre está presente. «La Habana es un lugar mágico, que parece estar detenida en el tiempo y atrapada en sus circunstancias», comentó una arquitecta puertorriqueña. Paradójicamente, la falta de recursos ha contribuido a que este patrimonio histórico haya permanecido hasta ahora sin mayores modificaciones. La impronta del pasado aparece en cada calle, cada esquina, en sus edificios, plazas, monumentos, parques y ruinas; sustentos de la restauración. En la actualidad, el Centro Histórico cobra un sentido diferente, planteando nuevos retos vinculados a las accesibilidades, a las centralidades intraurbanas, a las simbologías existentes y a las tramas de relaciones sociales que le dan sustento.
CIUDAD DE ENCUENTROS
La Habana, posee gran interés turístico en su dimensión política e histórica. Fue la última capital colonial de España en el hemisferio americano. Seductora en su naturaleza, su arquitectura, su litoral y su puerto, siempre fue atractiva para viajeros que la consideraron como «ciudad de encuentros». En 1634 llegó a reconocerse por Real Cédula como «destino obligado» de viajes desde el Viejo Continente. Cuando inició el siglo XVIII, era considerada como «la tercera urbe y el primer puerto del Nuevo Mundo, con una activa y bulliciosa vida portuaria y comercial».
Al celebrarse los 500 años de fundada, se integra a un modelo económico y social novedoso y surgen nuevas circunstancias para el desarrollo de la capital, como centro dinámico para el crecimiento del turismo internacional, bajo la concepción de una estrategia dirigida a segmentos de mercado con mayores gastos de estancia y con motivaciones distintas al turismo masivo convencional.
Para esta nueva etapa, la coyuntura urbana de La Habana está cambiando hacia una urbanización basada en la periferización popular (La Habana profunda) y la renovación tecnológica propia del modelo de sustitución de importaciones y del estado de bienestar, sustentada en un nuevo patrón que parte de la introspección y la preservación de la ciudad patrimonial construida (y reivindicada) y la ciudad en red, en un contexto de globalización.
Los proyectos de desarrollo vinculados a la Bahía de La Habana y sus cinco municipios de influencia, convertirán paulatinamente al territorio capitalino en uno de los principales destinos turísticos del Gran Caribe.
Un proyecto de remodelación de zonas portuarias, terminales para cruceros y espejos de agua, programado por etapas, implicará el renacimiento del Puerto de La Habana y situará a la ciudad como capital latinoamericana de la cultura. En el mediano y largo plazo, existirá una ciudad distinta; con una nueva articulación urbana, apoyada en la transición demográfica, que tendrá en cuenta el envejecimiento de su población; la globalización, con la internacionalización de la ciudad en red; y la reforma del sector estatal en sus ámbitos económicos, sociales y políticos, amparados en la nueva Constitución.
La expansión del sector privado ha ido generando una disminución significativa del empleo estatal, lo cual ha cambiado la esencia de la ciudad, justo en el momento en que el sector industrial se desplaza hacia amplias zonas periféricas de desarrollo productivo y parques tecnológicos, con inclusión significativa de la inversión extranjera directa.
El resultado es que la urbe cambia su esencia económica, y se va convirtiendo paulatinamente en una gran entidad territorial de servicios. En este nuevo contexto, La Habana se encuentra en una fase de franca reconstitución, con una clara vocación turística.
La actual infraestructura de alojamiento para el turismo internacional cuenta con más de 12 600 habitaciones en 87 entidades y más de 10 000 habitaciones en casas privadas, registradas para ofrecer este servicio. Adicionalmente, los nuevos hoteles de alto estándar (tres de ellos ya construidos), dotarán a La Habana del servicio hotelero que exigen los turistas de medio y altos ingresos; motivados por la cultura de las ciudades, que como la capital de la Isla, preservan la autenticidad de sus edificaciones, atractivos y demás componentes de la identidad de los pueblos.
Ante un escenario internacional plagado de amenazas y restricciones por parte del gobierno estadounidense, principal país emisor de turismo, La Habana adquiere protagonismo internacional y se transforma significativamente porque existe un importante proceso de reformas, de concientización de la población, de desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones, del mercado, de la política; y del empoderamiento de su población activa debido a los procesos simultáneos de globalización y descentralización.
En el año de su aniversario 500, La Habana seguirá enfrentando los mismos retos fundamentales para su desarrollo, ante cualquier política hostil y amenazante en un marco de independencia, soberanía y prosperidad sustentables. El más universal de los cubanos, el habanero José Martí, expresó refiriéndose a los Estados Unidos: «…necesitamos, para que sirva de coto y reflexión saludable, presentarnos como pueblo fuerte, trabajador, inteligente e intrépido, a este otro pueblo que abunda en esas condiciones, y solo respeta al que las posee».