El arte de trabajar la madera con fines decorativos fue una de las primeras manifestaciones culturales del hombre. Se conoce que desde tiempos inmemoriales ya los Celtas hacían objetos de madera, como también en América, los Mayas y los Aztecas; y en Asia se han descubierto en China, Japón y la India. En Cuba, lo hicieron los Taínos. Adornos de madera están hoy en museos de todo el mundo, desde el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en los Estados Unidos, al Museo Nacional de Kioto, en Japón, pasando por el de Bellas Artes, en La Habana, Cuba.

También el uso de la madera con fines artísticos puede verse en la Feria de Artesanía del Malecón habanero. Precisamente allí conocimos a José Ramón Suárez Hernández. Él y su compañera Mercedes tienen una tarima llena de automóviles ¡de madera! Carpintero de oficio, ya jubilado, y artista por inspiración propia, hace maravillas con la majagua, la jocuma y el cedro, todas maderas preciosas, muchas de ellas conseguidas tras el paso de los ciclones tropicales, que suelen arrancar los árboles “de cuajo”.

Ya desde hace un tiempo José Ramón es famoso por sus complejas cajas para conservar tabacos, llamadas “humidores”; pero ahora también labora en una nueva línea de producción: automóviles de madera. En un verdadero ejercicio de memoria, construye sus modelos según el “Antiques” (antigüedad) que ha visto rodar en Cuba.

Con sierra, garlopa, sinfín, lijadora, trompo y demás, fabrica cada modelo pieza a pieza, como lo hacen las grandes factorías de automóviles. Luego lo arma con todas sus partes, pegándolas con cola, al tiempo que corrige cualquier defecto. Tras una mano de barniz, queda listo para exhibirse en su rústica tarima, como si fuera (con un poco de imaginación) el “show room” de una agencia.

Así puede escoger su marca favorita: Buik, Chevrolet, Pontiac, Ford, Mercury, Dodge y otras más, entre ellas algunas tan curiosas como un Ford “tres patadas” de los años 20 del siglo pasado, y los del tipo sedan, cabriolet o coupé; aunque también puede tropezarse con camionetas, furgones y hasta un “Camello”, como se le dice en Cuba a los arrastres acondicionados para el transporte urbano, que circulan tirados por cuñas de diferentes marcas.

En un alarde de marquetería, José Ramón utiliza esa técnica para ensamblar diferentes clases de maderas, dándole variadas tonalidades al capó, el techo, el maletero o las puertas, que se abren con delicados mecanismos. Sin embargo, él no es el único fabricante de automóviles de madera. Hay otros. Solo los diferencia la imaginación y la calidad constructiva.