Fuster ha sabido convertir en milagro el barro
La casa-taller de Fuster en el pueblo de Jaimanitas , a donde llegó hace treinta años, se ha convertido en la apoteosis del creador.
El mismo ha expresado que la idea surgió en 1996, recién llegado de varios países entre los cuales estaba Rumania.
Allí, la obra de Brancusi, en particular "La puerta del beso", "La mesa del silencio", y "La columna del infinito", lo impresionaron profundamente y se planteó la voluntad secreta de realizar un proyecto similar con su casa.
En Jaimanitas, pueblo costero (al igual que su natal Caibarien), Fuster ha creado una suerte de templo barroco en el que se mezclan lo arquitectónico, la aplicación de la cerámica, la estética ingenua o primitiva y su locura de lo festivo.
Después de alzar su castillo mágico, Fuster se desbordó hacia la comunidad, el vecindario, el entorno de Jaimanitas. Los pobladores lo quieren y lo respetan.
Si algo faltaba al mundo pleno de coherencia de la obra fusteriana, su casa-taller lo ha complementado.