Industria discográfica. Haciendo Caminos
Cuando los “viejitos” del Buena Vista Social Club empezaron a ‘pegar’ como desde hacía mucho no sucedía con los músicos cubanos en el mundo, algunos creyeron descubrir el agua tibia: La música cubana era un producto no solo de calidad sino comerciable y muy rentable.
Para que eso ocurriera, además de la coyuntura internacional —saturación de sonoridad electrónica, algunos éxitos latinos bien recibidos por el público—, sin dudas se diseñó una buena campaña y los ancianitos se batieron de tú a tú con lo que había en ese momento.
La misma música, con los mismos (Compay Segundo) y otros “viejitos” (El Albino, Cotán) la había sacado del olvido Pablo Milanés casi dos décadas antes y no pasó nada extraordinario. Por suerte quedaron discos excelentes.
En los ‘90 abrieron el camino Eliades Ochoa y Compay y la promoción valió para todos y para la música cubana en general. Pero no fuimos los cubanos. Perdimos terreno y pusimos el producto pero no supimos trabajar el mercado. Las ganancias económicas se las llevaron otros.
Con el paso de los años y la experiencia, se aprendió que a pesar de los esfuerzos de nuestro gobierno de potenciar los proyectos nacionales, si no se promueven adecuadamente no trascienden fronteras. Además, la desventaja de todos los mecanismos creados por el bloqueo norteamericano que dificultan la promoción, intercambio y difusión de cualquier cosa que diga Cuba. Pero se puede. Se ha hecho y aunque los ganadores no puedan recoger el Grammy el día de la ceremonia, se gana porque la música llega.
Está comprobado que el éxito de los discos cubanos, como todos, está en presentarlos con espectáculos en vivo y una buena distribuidora que los mueva por los lugares adecuados. Porque calidad, hay.
Nuevos sellos, ideas renovadoras En los últimos años, la industria discográfica cubana ha hecho cambios en su estructura, se ha equipado con tecnologías de estos tiempos para garantizar la calidad de la oferta y ha creado nuevos sellos con ideas renovadoras. Antes no se tuvo la perspectiva de desarrollar la discografía como mercado, y eso incide en que actualmente son muchos más los proyectos que las disponibilidades para que un mayor número de artistas tenga acceso a un estudio de grabación.
Todavía existe un desequilibrio entre lo que se selecciona para llevar a los estudios. Los géneros bailables predominan, como es natural pues es la preferencia del público y de los consumidores externos. Sin embargo la música de concierto, por ejemplo, es de las menos convocadas, así como el jazz que cuenta con talentosísimos exponentes. Lo mismo sucede con la infantil y folcklórica, entre otras.
Sin embargo, los catálogos de Bis Music, RTV Comercial y la EGREM, entre otras discográficas, denotan que las entidades encaminan sus esfuerzos en aras de recuperar el terreno y ubicar, dentro de nuestras posibilidades, a los artistas y productos en posiciones que garanticen una buena comercialización.
Nuevas tecnologías También, en los últimos tiempos, se aprecia la renovación en infraestructura e inversiones en tecnologías de punta de la industria discográfica cubana. Gracias a ello, cuenta con estudios con excelentes condiciones que no solo sirven a los nacionales, sino que son contratados por extranjeros.
Entre otros ejemplos de nuevos formatos está el DVD Jazz Cuba Today, del sello Abdala, un primer intento bien recibido; o la difusión por Internet, la venta on line, que aun puede aprovecharse más.
Otro aspecto que se tiene en cuenta es la especialización del personal que tiene a su cargo trabajar en todas las esferas. Todos son importantes y partes de una cadena que tiene que tener sólidos los eslabones, pues desde la selección del repertorio hasta el diseño del disco, requieren del conocimiento y no pueden dejarse al empirismo y a la improvisación. Por otro lado, eventos como Cubadisco, feria internacional del disco cubano, han propiciado debates y discusiones en cuanto al balance entre promoción nacional e internacional y calidad, la necesidad de cuidar al talento, proteger al artista de contratos leoninos, y brindar atención a los derechos editoriales y autorales.
Cubadisco se ha convertido además en un espacio de negociación, en un momento de reflexión sobre logros y desaciertos de la industria discográfica cubana, que atraviesa un camino, lento y difícil, pero donde vale la pena cualquier esfuerzo por impulsar la difusión de una de las mejores músicas del planeta.
Cuba cuenta con tres empresas distribuidoras: Discuba, de Artex S.A, EGREM y la Agencia de Comercio Electrónico de Artex.
La EGREM —la más antigua de todas—, prioriza la música cubana en sus géneros más conocidos y los nuevos.
Discuba —principal distribuidora—, abarca a diferentes sellos como Bis Music, PM-Records, Lusáfrica y Unicornio, entre otros.
Bis Music ofrece servicios de grabación, mezcla y masterización en el Estudio de Grabaciones Eusebio Delfín, de Cienfuegos. A estas funciones se suman la venta de fonogramas, licencia de matrices, edición y la asesoría legal en materia de derecho de autor.