Autopista al paraíso llaman algunos a la Vía Blanca litoral, que enlaza con Varadero y recorre los arenales playeros del este de la capital cubana. Esta carretera le pasa muy cerca de la fábrica de rones Havana Club, en Santa Cruz del Norte, y a la pequeña y escondida playa de Jibacoa, entre grandes lomones verdes, y salta las exuberantes cercanías del valle de Yumurí por el gran puente de Bacunayagua, de más de cien metros de luz desde su mirador y considerado una de las siete maravillas de la ingeniería vial cubana. La Vía Blanca entra en la ciudad de Matanzas y la evade por un reciente viaducto de su bahía, cruza el río Canímar por otro gran puente y vuelve a pegarse a la costa y cruzar frente al acceso del aeropuerto internacional de Varadero, y finalmente entra a la Playa Azul varaderense.

El cafetal de Angerona. Surgió en los primeros años del siglo XIX, en los llanos altos de Artemisa, al occidente de la provincia de La Habana, cerca de la serranía del Rosario, y en poco tiempo fue conceptuado su grano como uno de los mejores del mundo. Tomó su nombre de la diosa romana del silencio y su escultura fue colocada junto a la bellísima casona de los amos, de estilo neoclásico, cerca de los barracones de los esclavos y de las plantaciones. Pero hoy allí solo quedan las bellísimas ruinas de la residencia, un pequeño cementerio y lo que resta del alojamiento para los cautivos, y la imponente estatua de la deidad clásica, a la que ahora falta el dedo de su mano derecha, que descansaba sobre sus labios, en señal del mutismo deseado. El famoso cafetal colapsó a mediados de esa centuria con la muerte del colono franco-alemán, y con una gran depresión del mercado internacional. Cornelio Souchay había comprado aquellas tierras apartadas a consejos de la bella mestiza haitiana Ursula Lambert, cuando se conocieron en 1809. Las leyendas hablan que los dos amantes retozaban desnudos en la bañera y sus amores se calificaron de tempestuosos, en los sucesivos momentos de prosperidad de Angerona. La hacienda se convirtió en la mayor de la región y de Cuba, pero los encuentros amorosos de Cornelio y Ursula se espaciaron y el “gigante rosado”, como ella le llamaba, dejó de poseer a la hermosa mulata con la frecuencia enloquecedora del principio, aunque se rememora que la atracción de los dos amantes se mantuvo en años. Souchay honró su promesa de no desposarse nunca, de no ser con Ursula, a la que juró amor eterno, y en 1837 murió soltero, en la propia Angerona. La ardorosa amante no aceptó la herencia del hombre que amó, y ya anciana, volvió a la misma ciudad de La Habana donde se conocieron.

Santería en casa de Fredy. Siempre se practicaron las ceremonias de las religiones afrocatólicas en casa de Fredesvinda, que lo hizo con amor, según se cuenta, y hoy en este lugar de la pequeña ciudad de Madruga, al sureste de La Habana, se ha organizado un museo de objetos asociados a estas creencias, que atrae a cubanos y a turistas del exterior. La zona inmediata operó siglos atrás varias fábricas de azúcar, con esclavos negros que hicieron tradición de estas creencias dentro de la población.

San Antonio del Humor. Bueno, si, en esta ciudad habanera que es de nombre San Antonio, pero de apellido “de los Baños”, hay tradición en los chistes y las bromas, y cierto que ha dado figuras descollantes en la caricatura política y costumbrista, en Cuba, en años. Aunque hay quien afirma que esto es práctica cotidiana en todo el país, la verdad es que ahora se llega a celebrar en este San Antonio de los Baños un Festival del Humor, con caricaturistas de la prensa cubana y el exterior, y mucho público que rie.

Forja de creadores.La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, a unos kilómetros de esta ciudad habanera y a poco más de media hora de camino desde la capital cubana, asentó su celebridad con la reconocida calidad de las producciones creativas de sus graduados, desde hace un par de décadas. Conocida también como “la escuela de tres mundos”, por la procedencia de sus profesores y alumnos, ha logrado graduar varios cientos de directores, guionistas y otros especialistas del séptimo arte, de casi cuatro decenas de países, más otros cientos de amantes del cine y la TV que han pasado cursos y entrenamientos. La Escuela Internacional de Cine y TV se instaló en terrenos y edificaciones cedidos por el Estado cubano, con el patrocinio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y ha sido fomentada y sostenida por amantes del celuloide como el escritor colombiano, Premio Nobel, Gabriel García Márquez, y otros muchos cineastas, intelectuales y creadores de diversas disciplinas, con el apoyo de Cuba y otras naciones, y organizaciones internacionales.