Turismo de Naturaleza en Cuba
El Ministerio de Turismo se ha propuesto, hasta el 2005, un plan de desarrollo para la modalidad de naturaleza que prevé en esa fecha, arribos de viajeros en tal variante, ascendente al cinco por ciento del total que nos visiten. En un primer momento, las zonas priorizadas serán Viñales y la Sierra del Rosario, en lo más occidental del país, en la provincia de Pinar del Río; la Península de Zapata, en Matanzas; hacia el centro; las montañas del Escambray, que abarcan de los territorios de Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spíritus; y un poco más adelante, la Sierra Maestra, y el asentamiento de Baracoa, la villa primada fundada por Diego Velázquez, en el oriental Guantánamo.
En el país, el 18 por ciento de su superficie se halla en la denominación de áreas protegidas y, de ese total, el Instituto de Planificación Física reconoció un potencial de 50 regiones inmejorables para el auge del vacacionismo de naturaleza. Algunos apuntes ilustran que este proyecto tiene todas las de ganar: Cuba posee más de 4 000 cayos e islotes, 6 370 especies botánicas -alrededor de 3 180 endémicas-, y una fauna variada en la que alrededor de 13 000 grupos pertenecen a los animales terrestres, otros 900 a peces, 1 700 a moluscos, unos 45 tipos de anfibios y superan el ciento los reptiles.
En cuanto a la flora, aquí viven más de 8 000 especies botánicas -de ellas 6 000 consideradas superiores-, y la Mariposa se lleva el título de flor nacional; la palma real es todo un símbolo patrio y la palma corcho, el árbol de más antigüedad en la Isla; se estima un fósil viviente. Para los amantes del buceo existen 18 zonas en las que el sugestivo espacio submarino ofrece a los interesados fondos marinos tan hermosos como los ubicados en el archipiélago de los Canarreros, en los Jardines de la Reina, o en el Archipiélago Sabana-Camagüey, donde se halla la segunda barrera coralina del orbe, después de la australiana.
Y es que Cuba bien puede decirse que es una isla en verde y azul, con montañas cubiertas de bosque tropical y de fácil ascenso como la Cordillera de Guaniguanico, las Alturas de Habana-Matanzas, las de Bejucal-Madruga-Coliseo, y las de Santa Clara, así como las de Guamuhaya y las sierras de Cubitas, Maestra, de Nipe, y de Cristal.
Si a los valles nos referimos, ahí están en toda su maravillosa presencia los de Viñales, San Vicente, San Claudio, San Diego, Yumurí, el del río Agabama, el de San Luis o de los Ingenios, el del Cauto y el de Guantánamo, como los más socorridos a la hora del recuento.
En sistemas cavernarios la mayor de las Antillas cuenta con cuevas emblemáticas como las de Bellamar, la más conocida internacionalmente y a la que cada año acuden miles de turistas para admirar sus salones adornados con sorprendentes estalagmitas y estalactitas de caprichosas formas que resultan verdaderas esculturas de la naturaleza.
Entre los ríos está el Hanabanilla, convertido en un lago artificial en las montañas del Escambray, excelente escenario para la pesca y paseos por sus parajes de verde esmeralda y de absoluta tranquilidad. Y el Toa, el más caudaloso de Cuba, propio para descubrir una naturaleza intocada y para los viajes de aventuras por sus rápidos.
El largo y verde caimán tendido en las aguas del Caribe, regala al turista algo más que sol y playa. Esta es la Isla bendecida por una naturaleza espléndida.