Indígenas que habitaban la costa caribeña colombiana nunca imaginaron que su ritmo, enriquecido después por los negros traídos de África y por los propios españoles, bautizado como Cumbia, resultara hoy el más representativo de los ritmos autóctonos de esta nación andina. De acuerdo con los estudiosos, quienes aún no logran coincidir del todo, La Cumbia recoge la esencia de la música indígena de los cunas, kogis, aruacos, caribes y wayúu que habitaban esa zona colombiana a la llegada de los españoles hace poco más de cinco siglos. A esa melodía y danza aborigen se le incorporó la base rítmica de los negros traídos de Guinea por los hispanos, quienes le pusieron la ropa y las letras que hoy se bailan en numerosos escenarios del mundo. En lo que sí coinciden la mayoría de los entendidos es en que su nombre proviene del "cumbé", un baile africano de la Guinea Española, siendo su estructura musical biétnica, con matices rítmicos básicos.
Percusión, base de la cumbia Desarrollada a partir del siglo XVII, La Cumbia se interpreta con una base percusiva de tres tambores, flautas aborígenes (llamadas gaitas por los españoles) y el acompañamiento de unas maracas, a las que se les puede agregar también el acordeón. Más profundamente, algunos consideran que la Cumbia derivó de antiguas manifestaciones folclóricas de raíz africana, como el lumbalú o el bullarengue (el primero de signo ritual y el segundo profano), y con ingredientes en su sonoridad y sus pasos danzantes de gestación indo americana, sin soslayar el influjo peninsular. Para esos estudiosos, la Cumbia constituye una expresión típica de la zona geográfica que va de cabo Tiburón, en la frontera con Panamá, a la laguna de Cocinetas, junto a Venezuela. Sin embargo, el historiador Benyi Arregocés Carrere asevera que la Cumbia es el ritmo que los indígenas del Caribe colombiano dejaron al mundo y que ésta existía antes de la llegada de los españoles y de los negros traídos por ellos para utilizarlos como esclavos. Arregocés sostiene que los aborígenes, aunque de diferentes culturas, comerciaban entre sí y sus costumbres eran parecidas a pesar de hablar lenguas diferentes, algo que se hacía más evidente en el plano musical, donde fueron comunes las flautas con la cabeza de cera que los españoles al llegar denominaron "gaitas", nombre que ha sobrevivido hasta nuestros días; diversos tambores y las guacharacas, guaches y maracas. Pero, subraya Arregocés, la Cumbia que nació indígena, comenzó un lento proceso de transformación con la llegada de los españoles y los africanos, enriqueciéndose con sus aportes. Aun así el componente indígena de la Cumbia siempre ha primado sobre los demás. Para este historiador musical, el principal aporte africano a la cumbia es haberla dotado de toques rítmicos más vivos y alegres. Por otra parte, la influencia española en la cumbia se ve en la forma métrica de las letras de las canciones.
Cómo bailar la cumbia... En cuanto a la forma de danzar la cumbia, Arregocés asevera que ésta se baila de forma diferente a todos los demás ritmos caribeños. Las mujeres llevan una vela encendida en la mano derecha -llamada esperma- y van vestidas con largas y anchas faldas denominadas polleras. En el baile, continúa, el hombre intenta acercarse a la mujer galanteando, mientras ella lo esquiva, hasta que poco a poco se van acercando. Hay un doble movimiento circular. Por un lado, las parejas van girando en círculo, conformando entre todas ellas lo que se conoce como la rueda de la cumbia. Al mismo tiempo que se produce ese movimiento, las propias parejas giran sobre sí mismas. Entre los grupos musicales que más auténticamente interpretan este ritmo musical, Arregocés menciona la Cumbia Soledeña, dirigida por Efraín Mejía, Los Gaiteros de San Jacinto, Joe Arroyo, Checo Acosta, Juan Carlos Coronel, Totó la Momposina y Juventino Ojito y su Son Macaná. Sobre los textos más trascendentes, Arregocés refiere que la cumbia siempre fue cantada, primero en los idiomas indígenas, que los españoles prohibieron y por ello esta música se interpretó varios años solo de forma instrumental. Pero, puntualizó el historiador, en el siglo XX se han grabado cumbias convertidas en bombazos musicales y de las cuales se han hecho cientos de versiones, como por ejemplo la de La cumbia cienaguera, de Esteban Montaño, Luis Enrique Martínez y Andrés Paz; La pollera colorá, de Wilson Choperena y Juan Madera, o La piragua, de José Barros. Pero la cumbia no se ha quedado en el Caribe colombiano y de otras naciones vecinas, sino que se ha extendido por toda Latinoamérica, y hoy se interpreta en otras naciones de la región como México, Perú y Argentina, pero con su propio estilo. Para disfrutar de la mayor expresión de este ritmo, lo mejor es acudir cada año al Carnaval de Barranquilla, capital del norteño departamento colombiano de Atlántico, fiesta en la que se produce una explosión callejera de bailes caribeños, liderados por la cumbia.
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