Dicen las tejedoras más viejas, que cuando una niña comenzaba a crecer, su madre la enseñaba a manejar la aguja y el hilo para que desde pequeña se encargara de tejer su ajuar de boda, regalo con el cual llegaba al altar el día del casamiento.
Tradición heredada por siglos a través de diferentes generaciones, el bordado, tejido, deshilado, las técnicas de la randa, el crochet, el frivolité y el bolillo, por solo mencionar algunas, son actualmente expresiones artesanales de las mujeres trinitarias, que la UNESCO, junto a otras instituciones quieren conservar y rescatar, vinculando a las artesanas con diseñadores de alto nivel, con el objetivo de obtener una línea de confecciones y otra de lencería, ajustados al diseño contemporáneo y gusto actual.
El Proyecto Trinidad, como se denomina la iniciativa, incluyó en una primera etapa la organización de talleres de capacitación con expertos de México, Brasil y España, lo cual benefició a más de 70 artesanas no solo de Trinidad, sino también de Sancti Spíritus, Cienfuegos y Ciudad de La Habana.
Se trata, ante todo, de aprovechar el triple potencial que tiene la artesanía como fuente de ingreso y mejoramiento de las condiciones de vida, forma de contribuir a preservar el patrimonio y la diversidad culturales, y a la vez porque permite fomentar la creatividad.
Esto es especialmente importante en una zona como la de Trinidad y el Valle de los Ingenios, que en los últimos años se ha convertido en destino de un fuerte mercado turístico, en el cual las tejedoras han encontrado un mayor bienestar, pero se hacen necesarios diseños más actualizados, a la vez que una mejor visión comercializadora y materiales de calidad para desarrollar su labor.
Y es que puntos como el ochito, la M, la serpentina, el caracol, la sombra, abanico, punto loco, medio punto, bolillo, abanico, o el Trinidad y la randa, clásicos entre las costureras de la zona, no solo son secretos transmitidos de madres a hijas, que solo pocas personas son capaces de reproducirlos en todo su esplendor, sino también fuente inagotable para desarrollar novedosos diseños, en un mundo donde las artesanías y las manualidades son productos cada vez más valorados.
Las tejedoras, en un siglo en plena modernidad, donde la ropa fabricada en serie se impone, apuestan todavía por la autenticidad de lo hecho a mano, por la artesanía auténtica, por el rescate del bordado, por salvaguardar tradiciones y memoria, para hacer respirar al visitante en los callejones coloniales de Trinidad, el ambiente mágico de un siglo romántico ya desaparecido.
Madelín Murguía Delgado© 2010 Copyrights EXCELENCIAS GROUP. Tutti i diritti sono riservati.